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- ¿Cómo definirías a los terapeutas?
- Son vendedores de
buzones. Les venden otra vez a los pacientes el buzón de la vida. Son
estafadores.
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- ¿Cómo haces para ayudar a esas personas?
- Intento
reconstruirles la historia para que rescaten un sentimiento de
identidad.
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- Bueno, por suerte vos no
fuiste el inventor de la locura...
- No, yo inventé máquinas para
arreglar la locura y a través de eso me encargo de reparar vidas rotas.
o o o o o o ¿Y en qué puede derivar la terapia que vos
implementaste?

- (Piensa). Y... en una metafísica en donde se mezcla lo
real y lo imaginario.
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"Hola, estoy terminando de
desayunar", dice Alfredo Moffatt a modo de recibimiento mientras
unta con mermelada un librito de grasa y luego bebe un sorbo de su mate
cosido endulzado con azúcar negra. La mesa, que está llena de libros y
biromes, lo delata: las migas de pan están distribuidas en toda su
extensión. Sin embargo, Moffatt, que se define como una persona muy
prolija y organizada "por herencia de mi padre inglés", antes
de dar comienzo a la entrevista, junta todos los utensilios y sobras del
desayuno en una canasta de plástico y se dirige por un pasillo largo
hacia la cocina. "Ahora podemos empezar", dice con voz firme a
su regresos.
- Vos trabajás de psicólogo social. ¿Ese es tu título?
-No. Yo soy arquitecto, pero ese diploma es trucho.
- ¿Lo compraste?
-
(Contesta entre risas.) No. Lo que pasa es que aunque esté firmado por
el Rector de la facultad, si llego a hacer una casa se cae.
- ¿Por
qué?
- Nunca le di bola a la carrera. Es más, nunca me gustó.
- ¿Y
por qué la cursaste?
- Para cumplir con el sueño de mi papá. Yo quería seguir psiquiatría o medicina, pero era muy obediente y papá
muy decidido en sus opiniones. Especialmente en lo que se refería a mi
persona (Ríe fuerte durante algunos segundos).
- ¿Tuviste miedo de
contradecirlo?
- Lo que pasaba era que papá, aunque era muy estricto,
era muy afectuoso. Una especie de autoritarismo protector. Igual que
Fidel (Castro), él protege a los cubanos pero es el único que piensa.
Entonces crea gente protegida pero medio oligofrénica.
- ¿Entonces vos
sos oligofrénico?
- Yo me salvé por mi mamá. Ella era una persona muy
trabajada psicológicamente.
Al tiempo que habla de su madre, señala
una fotografía que se encuentra colgada en una pared. Y comenta que ese
retrato de una mujer joven y bonita es su mamá y que al lado de su
foto, en un cofre de madera, "la tengo en forma real, ahí están
sus huesos".
- ¿En serio son los huesos de tu mamá?
- (Ríe muy
fuerte.) Sí.
- ¿No te da impresión?
- Para nada. Ella me cuida. Estoy
seguro de que si llega a venir un ladrón el cofre se le cae encima. Si
ella murió, ¿por qué vamos a separarnos?
- ¿Te gusta tenerla cerca?
- Claro que sí. Aparte mi mamá fue la persona que más me escuchó. El
día de su velatorio se me ocurrió hacer algo muy surrealista. Porqué
yo pensaba: "Que se vaya todo a los gusanos, pero... ¿por qué no
agarro una navajita bien afilada, le corto la oreja, la paso por resina
y la cuelgo en la pared?"
- ¿Para que te siga escuchando?
- Sí. Y
para tener una parte de ella. Entonces cuando alguien me dijera:
"que linda esa oreja"; yo conteste: "¿Viste?. Es la
oreja de mi mamá".
Antes de seguir con la entrevista, el sonido de
un teléfono retumba en el cuarto que forma parte de la casa de Moffatt.
Sin embargo, el aparato no está a la vista. En el tercer `ring', este
psicólogo sin título, saca de una media de toalla, que lleva colgada
al cuello, un teléfono celular.
De Terapeutas, locuras, esperanzas y
otras yerbas
- Con respecto al tema de la locura. ¿Crees que existe la
curación absoluta?
- Creo que la palabra "absoluta" puede cambiar mucho
a una persona. Y si ésta cambia mucho se cura, pero termina siendo otra
persona.
- ¿Cómo definirías a los terapeutas?
- Son vendedores de
buzones. Les venden otra vez a los pacientes el buzón de la vida. Son
estafadores.
- ¿Por qué?
- Porque venden algo que no existe: la
esperanza.
- ¿Pero no es bueno tener esperanza?
- Claro que si. Pero
ahí te das cuenta de que la vida es una ilusión.
- ¿Sería como
mostrarle una zanahoria a un conejo pero siempre dos metros más
adelante para que no la alcance?
- (Asiente con la cabeza.) Sí. Les
hacen construir otra zanahoria para que el conejo camine.
- ¿Para vos
todas las personas tienen zanahorias dentro suyo?
- Sí, porque hay
experiencias placenteras que se transforman en escenas deseadas.
- Para
mucha gente esa zanahoria vendría a ser Dios. ¿Qué opinas al
respecto?
- Esos son mecanismos protectores. En general no es que a la
gente le guste amar a Dios, sino que le teme.
- ¿Cuál es tu zanahoria?
- (Ríe y piensa con detenimiento las palabras que va a usar) Y... mi
zanahoria es publicar mi libro (El tratado del mundo). También me
gustaría formar una linda pareja, ahora estoy de novio.
- ¿Tenés
algún deseo o alguna ambición más?
- Me gustaría ser director del
(Hospital Municipal José T.) Borda.
- ¿Hay posibilidades de que lo
seas?
- Por ahora no. Pero si hay un cambio y si las cosas se quieren
solucionar y alguien dice: "¿Quién sabe de locos?" y
empiezan a mirar, obviamente estoy yo, no hay mucha gente que se haya
especializado en reparar destinos totalmente destruidos.
- Creaste
diferentes espacios, como ser el Bancadero, en los que se acompaña a
personas marginadas. Al, finalizar los proyectos que encaras. ¿Seguís
trabajando en él lugar o delegas mandos?
- Generalmente paso el mando
de abuelo a padre. El abuelo, que vendría a ser yo, sigue cuidando o
mejor dicho supervisa. A veces vuelvo. Pero ahora estoy más dedicado a
otro nivel de formación.
- ¿En qué consiste el mismo?
- Es trabajar
con los que trabajan con gente. Les vas transmitiendo tu experiencia,
así multiplicas.
- ¿Siempre proyectas nuevas cosas?
- Sí, soy muy
inquieto. Mi mamá siempre me dijo que tenía que ser como Edison
(Tomas), entonces cuando vi que la lamparita ya estaba inventada dije:
"tendré que inventar otra cosa".
- Bueno, por suerte vos no
fuiste el inventor de la locura...
- No, yo inventé máquinas para
arreglar la locura y a través de eso me encargo de reparar vidas rotas.
Por ejemplo en el hospicio hay muchas vidas rotas que están desarmadas
totalmente.
- ¿Cómo haces para ayudar a esas personas?
- Intento
reconstruirles la historia para que rescaten un sentimiento de
identidad.
- ¿Tuviste buenos resultados?
- Reparando vidas sí, a veces
fracaso, a veces no.
- ¿Qué tipo de terapia utilizas para
trabajar?
- La que inventé yo.
- ¿En que consiste?
- Tiene que ver
reconstruir la historia. La enfermedad es cuando se te pierden pedazos
de tu historia y la misma no tiene argumentos. Tenés escenas que no
tienen sentido porque no están contextuadas. Entonces cuando logran
recuperar la estructuración de la temporalidad sucede el proyecto.
-
¿Qué nombre le pusiste al tipo de terapia que inventaste?
- Terapia en
crisis.
- ¿Por qué?
- Porque no está basada en la cronicidad sino en
situaciones de "sin sentido". Separa la historia y desaparece,
cosa que es muy difícil de hacer porque es algo muy abstracto. Es
difícil encontrar los espacios fuera del tiempo. Estudiar el tiempo es
algo complicado. Tenés que salirte del tiempo para estudiarlo, entonces
hay dos opciones para poder hacerlo: estar loco o estar muerto.
- ¿Qué
opinas de las terapias en general?
- Todas las terapias tienen sus
riesgos. El psicoanálisis puede decaer en religión. La gestalt en
franela, en la representación de..., en la histeria. El conductismo en
la represión.
- ¿Y en qué puede derivar la terapia que vos
implementaste?
- (Piensa). Y... en una metafísica en donde se mezcla lo
real y lo imaginario.
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