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Cuando empecé a «buscar», en la época
de la Universidad, no estaba buscando ningún tema, estaba buscando un
centro, el Uno más próximo: a mí.
Esto me llevó a internarme en preguntas con respuestas ontológicas,
religiosas y antropológicas: ¿Qué sentido tenía que hubiéramos
nacido? ¿El hombre tiene un destino, y si es así, cómo convivir con
tanta violencia? ¿Hay una predeterminación o nos vamos construyendo?
¿Venimos de los platos voladores, somos la semilla de la expresión de la
Tierra ...? Así fue como de modo inadvertido, fui llegando a que el Uno
era Dios ... o un vacío, o que había un centro en movimiento perpetuo
del que venían todas las cosas y a donde iban, y que ese movimiento iba
teniendo diferentes formas.
Todo revelaba el Uno, y todos coincidían en que es imposible ir
directamente allí.
Pero desde el Dos sí podemos partir.
Desde distintas orientaciones, todos hablaban del Dos: teníamos el Yin y
el Yang, el Cielo y el Infierno. La presencia y la ausencia. El silencio y
la palabra. El bien y el mal. Apolo y Dionisio.
En todas las orientaciones ontológicas había un Dos con el que sí
podíamos empezar a comprender, a partir de lo cual en algún momento se
manifestaba la unidad.
El Uno aparecía en algunas tradiciones desde la experiencia, y en otras
desde el conocimiento y el entendimiento de lo absoluto. La aproximación
común que encontraba era que con disciplina y constancia la experiencia
del Uno siempre se revelaba. No podía ocurrir al principio del camino.
Hay cosas que cuando se aprenden antes de los veinticinco años y con todo
el corazón, resultan inolvidables. Son marcas en el alma; a esa edad
estamos construyendo un piso fundamental.
Por todo esto, cuando me encontré con el enfoque gestáltico, escuchar
hablar de Opuestos me pareció natural. En «Yo, hambre y agresión>,,
Perls nos dice que empezó a utilizar el concepto de Opuestos a partir de
dos ideas de Friedlander:23 indiferencia creativa y pensamiento
diferencial.
Allí nos dice que cada acontecimiento consta de un punto cero a partir
del cual surge la diferencia de los contrarios. Estos contrarios
demuestran en su «contexto específico una gran afinidad el uno por el
otro». Encontramos ese punto cero a partir de confrontar con la
diferencia de los contrarios y descubrir su simetría invisible. Su punto
de unión. Para esto la herramienta esencial es nuestra paciencia. No es
hacer tiempo, es ser paciente, así podemos sostener un momento de vacío,
de «nada».
A eso llama Friedlander indiferencia creativa, un momento en el que no
necesariamente hay quietud, más bien podríamos definirlo como una
movilización receptiva.
Esto se logra si conseguimos detenernos, y permanecemos en silencio el
tiempo suficiente para captar una gestalt renovada.
Siempre que logramos prescindir de los detalles aplastantes de los juicios
exteriores, la conciencia logra un estado especial, a este camino se lo
llama fenomenológico. Un movimiento que soporta la mirada estrecha del
primer plano lineal y concreto, y puede silenciosamente ir abriéndose
hacia un marco más grande que la lleva a la realidad.
En el camino del conocimiento fenomenológico nos impregnamos de una gran
variedad de fenómenos que se ubican ante nosotros, sin seleccionarlos, ni
valorarlos. Por eso este camino tiene como premisa atender a la conciencia
con la que conocemos, antes que al contenido de lo que
conocemos. De ese modo mantenemos en suspenso tanto las ideas que hasta
ese momento, teníamos como las sensaciones y emociones que vamos
viviendo.
A esto me refiero cuando hablo de la extraordinaria paciencia necesaria
para implementar esta modalidad de trabajo. Friedlander lo llamó
indiferencia creativa, los existencialistas método fenomenológico y los
budistas, camino del medio. Perls toma esta actitud como el punto central
para la posibilidad operativa del dinamismo de los Opuestos.
indiferencia creativa
método fenomenológico
camino del medio
Buda dice que para la mente es muy fácil
ser indulgente y «dejarse llevar», sin responsabilidad. Igual de fácil
es reprimirse sin enfrentar. Lo más difícil es lograr el lugar del medio
donde la mente muere y surge la no mente.
A este camino Buda lo llamó majjhim nikaya, el Camino del Medio, y
representa el obstáculo más grande, lo más difícil, porque supone una
especie de muerte para la mente.
Encontrarnos con el punto medio durante el trabajo de integración de
Opuestos, es algo que se da sólo por decantación. No es algo que
nosotros podamos «hacer»; es como la diferencia que existe entre acción
y actividad o entre fluir y empujar. En ambos casos hay un movimiento,
pero en la actividad el yo empuja y en la acción, el ser fluye.
el yo empuja
ser fluye
Está muy generalizada la idea de que es
bueno estar en el «punto medio». ¿Qué quiere decir esto?
Los terapeutas gestálticos necesitamos trabajar con la aceptación de los
Opuestos, cuya consecuencia es encontrar el punto que está en la mitad
del camino y que nos invita a cambiar de plano. Si empezamos con la idea
de querer encontrarlo, esto se transforma en una nueva exigencia que
interrumpe el proceso que el movimiento natural está impulsado a
realizar.
Querer ir al Uno empujándonos nos provoca impotencia, ya que el Uno viene
a nosotros, por así decirlo, y nos integra.
Ése es el «regalo» que sentimos y que nos hace decir en un momento:
¡ah ... estoy conmigo, por un rato ... estoy conmigo! ... Relajado, con
esa relajación que no es solamente un descanso o un recreo.
Lo primero a entender es que si logramos configurar con claridad los
opuestos y luego renunciamos a ambos extremos
y nos entregamos al movimiento, el medio aparece.
El Camino del Medio tiene que ver con la justicia de lo justo, no con la
injusticia de lo ajustado.
La realidad es inclusiva
¿... Dónde está el medio?
Cuando hablamos del método budista llamado el camino del medio, o la
indiferencia creativa de Friedlander o de la suspensión del juicio que
nos propone el método fenomenológico, estamos hablando de
transformación, son sinónimos.
Si tomamos el punto de vista del extremo necesariamente, por la naturaleza
de ese lugar, el otro está excluido; es un opuesto, y cada extremo tiene
que estar en oposición a su polaridad.
Ocurre que la conciencia humana nos permite movernos de un polo al otro y
parar en el medio, y trascender los extremos. En ese movimiento logramos
un punto transformado, podemos ver allí que no existe la oposición.
Así, los extremos no son Opuestos, no son contradictorios, son sólo
complementarios.
Cuando podemos detenernos en el medio y vivir la tremenda experiencia de
que no hay Opuestos y diluirnos en ese sentimiento, aunque sea unos
instantes, experimentar esos momentos sagrados de muerte y renacimiento,
comprendemos que la vida real es total, no puede ser propiedad de ningún
extremo, no es exclusiva de ninguna parte.
En esos momentos comprendemos que la realidad es inclusiva.
Si hacemos el esfuerzo, aunque sea intelectual, de mirar la vida desde la
unidad de la existencia, todas las contradicciones, todos los Opuestos,
todos los contrarios, desaparecen.
Los extremos se disuelven por inclusión, no por negación ni
aplastamiento. Es la vida que los empuja hacia el opuesto al que también
pertenecen y donde podrán crecer, transformarse y volver a nacer.
Entonces, el día incluye en su centro invisible y enceguecedor la
existencia de la noche que vendrá, y cuando la oscuridad llegue,
albergará en el punto más negro de su ser el destello del próximo día.
Y así una nueva jornada nos encontrará disponibles y renovados después
de un largo, largo sueño.
Los humanos podemos experimentar conscientemente esta vinculación
orgánica; éste es el manantial de auténtica independencia donde podemos
refrescarnos.
Experimentar la dinámica de los Opuestos es la mejor medicina para el
miedo. Al sentirnos en consonancia con la vida recuperamos una promesa,
reencantamos la voluntad de vivir y esto nos da ánimo.
En el momento en que alguien trasciende los Opuestos y llega a verlos como
complementarios, ya no es más sólo una parte del todo, sino que el todo
se manifiesta en esa parte.
El camino del medio es uno de los grandes métodos de transformación.
Prepararnos para estar en el medio es un gran trabajo porque tenemos que
ir dejando de lado las ideas que sostienen los extremos ... y «los
extremos son sostenidos sólo por ideas>, dice Osho.24
La enorme paradoja al buscar el Camino del Medio, es ir hacia donde
estamos recorriendo un camino que nos devuelve
al lugar desde donde partimos, que es estar unidos a nosotros mismos.
Primero existencia, luego esencia al encontrarnos en la dualidad.
Hombre y mujer
Yo y nosotros
Nosotros y el mundo
La individualidad y la persona
La paciencia y la impaciencia
El amor y el odio
La tarea y la soledad
El amigo y el enemigo
Sí y No ...
Entonces, el tema es saber que somos dos.
Para lograrlo es necesario juntar el suficiente coraje para enfrentar la
angustiosa brecha que Kierkegaard definió como el «deseo de lo que se
teme, una antipatía simpática, una fuerza extraña que se apodera del
individuo, sin que éste pueda ni quiera librarse, pues uno teme y sin
embargo desea aquello que teme».
¡¿...Qué es lo que deseamos y tememos?!
Movernos del extremo hacia el opuesto.
El extremo nos hace creernos únicos, ver el opuesto nos provoca una
atracción natural; para dejarnos fluir en ella tenemos que cambiar, y si
el encuentro se produce nos vamos a transformar. Eso es lo que se teme y
se desea. ¿Qué ocurre si falta el coraje para hacer el movimiento hacia
el opuesto? ... podríamos preguntarnos.
Kierkegaard nos responde, «la angustia vuelve al individuo omnipotente y
carente de responsabilidad y en esta falta consiste la seducción».6
Si
la seducción que ejerce el temor es mayor que el anhelo del encuentro y
mantenemos esta seducción un tiempo prolongado, vamos socavando nuestra
energía de modo negligente.
El tema del compromiso es de especial importancia para Kierkegaard porque
tener un compromiso y ser un sí mismo son sinónimos para él. En "Enfermedad
de muerte" define al sí mismo en tal forma que ;para ser un sí
mismo se requiere un compromiso.
Allí Kierkegaard nos dice: «El ser humano es espíritu. ¿Pero qué es
un espíritu? El espíritu es el sí mismo. ¿Pero que es el sí mismo? El
sí mismo es una relación que se relaciona consigo misma ... Un ser
humano es una síntesis de lo infinito y lo finito, de la posibilidad y de
la necesidad, de lo eterno y lo temporal. En suma, una síntesis. Una
síntesis es una relación entre dos factores. Desde este punto de vista
un ser humano aún no es un sí mismo». Por eso la carencia de
compromiso, nos lleva a sentir el estancamiento del fracaso de la
víctima, o el triunfo del victimario, y nunca el éxito de una vida que
se va realizando con el peso específico de ser sí misma que da soportar
las dificultades y tomarlas como un enigma para la solución.
Fluidez interrumpida
He podido observar dos maneras básicas de
freno en el movimiento vital, que es otro modo de hablar de una relación
entre Opuestos perturbada.
Una es por falta de intercambio entre las partes, y la otra se da por
dificultades en el equilibrio entre ellas. En la primera el vínculo no se
ha constituido y en la segunda el balance no se ha logrado.
La primera, la falta de vinculación, se debe a que los extremos no están
definidos, las partes todavía no han realizado su lugar y la respuesta
emocional a esta deficiencia es rigidez, excesiva frialdad, desdén, o
cinismo.
En el caso de un balance desequilibrado entre los Opuestos, en la segunda
manera, las reacciones son: confusión, debido a una involucración
prematura; sentimiento de tormento, por falta de reconocimiento en la
apreciación de las diferencias; o la sensación de desmoronamiento debido
al dolor producido por un nuevo contacto con una herida injusta del
pasado.
Todos estas reacciones emocionales están construidas por una secuencia
hecha de mentiras, que van desde la simulación, hasta la amputación. Los
engaños en los que caemos son un terreno habitado por inhibiciones,
represiones y tergiversaciones, que dan como ganancia la pérdida que
significan pactos desventajosos.
Los autoengaños también pueden agruparse en complicadas asociaciones,
clanes nocturnos de concentración de sombras que traman linchamientos,
descuartizamientos, apuñalamientos y ocultamientos, donde sólo hay
mentiras acerca de lo que se ha hecho de verdad.
Todos estos impulsos de vida relegados a lo inadvertido constituyen el
territorio de lo sombrío, muchas veces excitante. El viaje que así se
logra es el de un tren fantasma que vaga por las tierras abandonadas de
nuestra alma.
La verdad cae en mil y una emboscada, y su destino final es una zona
oscura donde el único objetivo es la negación del amor y la creación.
Es precisamente en la vivencia consciente de estas reacciones donde
podemos apoyarnos para vernos, reconocernos y darle espacio a la verdad
para volver.
Nos tornamos reales en el dolor, y transformar la carga innecesaria puede
ser nuestro logro; así crecemos.
Si nos juntamos con el rigor y la paciencia necesarios, aunque caigamos o
nos doblemos muchas veces a lo largo del camino, el método de la
dinámica de los Opuestos es una oportunidad probada que nos permite
entrar en el terreno de la vida yendo hacia la armonía de contrarios.
Entonces, en la rigidez por falta de vinculación entre los Opuestos,
podremos aprender a desarrollarnos como hombres, mujeres, hijos, padres o
amigos, así como vitalizarnos al transformar la dualidad entre una mente
optimista y una mente pesimista o entre la fuerza y la debilidad.
En el segundo caso, en la falta de un buen balance entre los opuestos,
cuando reaccionamos por sentir una injusticia, podremos encontrar: el
hambre de amor en los tormentos; claridad al desenredar la confusión, y
al acercarnos con delicadeza a la herida para no caer en esa grieta,
podremos ver que la oscuridad es tan real como la luz y que podemos
rescatar la visiones que habitan allí si las liberamos de encantamientos
y espejismos.
hambre de amor en los
tormentos
claridad en la confusión
visiones en las heridas
Cada una de las reacciones que
experimentamos, ya sea por falta de vinculación o por un balance injusto,
si las tomamos con un poco de sinceridad y compromiso, pueden ser la
puerta de entrada de un camino de vuelta hacia nuestras verdades; es así
como las amputaciones se regeneran y las máscaras dejan de disimular el
rostro original, es así como una fuerza vital nos mueve, siembra nuestros
campos, y nos permite una espera con sentido.
Como vemos, el trabajo en la dinámica de opuestos no es algo que se mueva
en la superficie sino que se activa desde el fondo, y eso lo entendí
desde el principio.
Entonces el interrogante era y sigue siendo: cómo las personas pueden ser
íntegras, cómo pueden afirmar sus "raíces" en el.viaje
esencial de vivir una vida propia, sin perderse en el caos de información
externa y en el laberinto de identificaciones, sabiendo que estamos
haciéndonos entre el rechazo y el anhelo.
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